Slow live, slow writing

Slow live, slow writing

Vivimos en un mundo lleno de prisas, en el que quien más hace y más rápido lo hace, es el mejor, el que merece más reconocimiento, el más adulado y premiado.

Parece que se trata de ejecutar, acabar, entregar, materializar algo, lo que sea, como sea, a cualquier precio. A cualquiera de las 24 horas del día, los 7 días de la semana.

Ya tenemos a nuestra disposición supermercados que abren toda la jornada, y gimnasios a los que poder acudir en cualquier momento del día… o de la noche; eso por no hablar de Internet, que nos ofrece un universo de posibilidades inmediatas a golpe de clic.


slow revolution


La información no se queda atrás en esta vertiginosa carrera hacia ninguna parte. ‘Infoxicación’ ha sido el término acuñado para denominar a este mar de opiniones, noticias y contenidos que (y aquí viene lo fuerte), pueden ser ciertos o no.

Las redes sociales son un buen caldo de cultivo para la propagación de este virus informativo. Los contenidos, sean buenos o no, sean verídicos o no, se extienden como la pólvora, multiplicando exponencialmente su impacto efímero.

Porque, por supuesto, su impacto es momentáneo. En el caudaloso río de los contenidos casi nada permanece y su influjo dura los pocos minutos u horas en los que se les escucha caer en la cascada que los llevará a un cauce tranquilo, desde donde fluirán al ancho mar de las noticias olvidadas.

Entonces, ¿qué puede hacerse para evitar que los contenidos que producimos queden relegados a la desmemoria? La respuesta es simple, y son ya muchas las empresas que la conocen: se trata de volver a la comunicación corporativa ‘slow’. Detenerse, tomarse el tiempo necesario para elaborar información rigurosa, original, atractiva, interesante y que aporte valor añadido a los clientes.


revistas corporativas


Para conseguirlo, las revistas corporativas impresas son un buen punto de partida. Porque se elaboran con el tiempo y cariño necesarios para que el resultado sea bien suculento; porque permanecen en la memoria de los clientes y potenciales clientes que las reciben; porque establecen relaciones duraderas con partners e influencers interesantes para las propias compañías; y, lo que es más importante, porque permanecen en las mesas de sus despachos o en el salón de sus casas, desde donde son consultadas, ojeadas, leídas y releídas una y otra vez. Sin prisas, sin pausas, gozando del movimiento ‘slow’.

by Patricia Magaña